1
Supremacía de
las Sagradas Escrituras

por encima de toda tradición 

religiosa o eclesiástica.

La Biblia es la única palabra 

inspirada por Dios, 

inerrante e infalible;

única fuente de doctrina

y autoridad.

 

La existencia eterna del único Dios verdadero en tres personas : 

Padre, Hijo y Espíritu Santo,

iguales en poder, honor,

gloria y autoridad. 

Sólo a Dios adoramos,

sólo a El damos toda la alabanza,

la gloria y el honor,

sólo a El rendimos culto,

y sólo a El nos dirigimos en oración.

 
3
La Suprema Majestad de Jesucristo.

El es Verdadero Dios y Verdadero Hombre, 

quien murió en sacrificio por el pecado.

El fue crucificado en lugar, en representación y

a beneficio de todos los pecadores.

El es el único Salvador

que quita el pecado del mundo 

y exclusivo camino para llegar a Dios Padre.

 
4
La completa depravación 
del ser humano. 

El hombre fue creado 

a imagen y semejanza

de Dios, con un alma inmortal,

y que por causa de su pecado,

vino a estar totalmente separado

de Dios. El hombre no puede,

por sí mismo, restaurar su comunión con Dios. Requiere de Jesucristo para el perdón de sus pecados.

 
5
La absoluta necesidad de la conversión

como condición indispensable para el discipulado cristiano:

es un encuentro directo y personal con Dios, el cual es efectuado

por la iniciativa de Dios mismo. La salvación es un don

de la gracia de Dios que se recibe  por medio de la fe en Jesucristo 

y requiere un genuino arrepentimiento de parte del pecador. 

Dios justifica al hombre sólo por los méritos de Jesucristo. 

Creemos que somos declarados justos sólo por la fe en Cristo, 

sin ningún mérito de nuestra parte. Se expresa por medio del nuevo nacimiento. El creyente recibe la vida de Jesucristo que le da

una nueva mente y un nuevo corazón respecto a Dios (amor) 

y el pecado (aborrecimiento).

6
El sacerdocio universal
de todos los creyentes.

Todo creyente

que ha nacido de nuevo

tiene acceso directo

a Dios Padre

por medio de Jesucristo

y él mismo es templo

del Espíritu Santo.

Somos real sacerdocio santo

para ofrecer

sacrificios espirituales 

aceptables a Dios

por medio de Jesucristo.

7
La vitalidad de la Iglesia.

Creemos en la Iglesia, cuya cabeza es Cristo,

formada por todos los que

sinceramente creen en Jesucristo como

único y suficiente Señor y Salvador.

Participar de la iglesia local

a la que Dios nos ha unido

es fundamental para crecer en

la fe y el conocimiento de Jesucristo (madurez espiritual). Todo creyente debe ser

un discípulo de Jesucristo.

La verdadera Iglesia

es la comunidad viva de creyentes que siguen a Jesucristo como sus discípulos.

8
La Soberanía del Espíritu Santo sobre la Iglesia,

la cual se ejerce

a través de la variedad de dones carismáticos, ministerios

y operaciones.

El bautismo del Espíritu Santo

como fuente de poder

para dar testimonio

y proclamar el Evangelio

como lo hacía la iglesia primitiva.

9
La prioridad del evangelismo

como tarea

de todos los creyentes.

Entendemos

la proclamación del Evangelio

como una expresión

de la adoración a Dios.

 
10

La esperanza bienaventurada de la Iglesia.

Jesucristo vendrá por segunda vez,

en forma visible (corporal), a juzgar

a los vivos y a los muertos y a establecer

el reino de Dios sobre esta tierra.

Antes él llamará a su iglesia a ascender con él

a los cielos para recibir recompensa

por su fidelidad al Evangelio.

11
El destino eterno del hombre.

Creemos que los creyentes 

en Jesucristo tendrán vida eterna

en el cielo, y que los no creyentes

irán a la condenación eterna

en el infierno.

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